62. ME DUELE AMARTE.
AIDEN.
—Virginia, no era necesario que...
—Si, Aiden, si era necesario y será necesario siempre, hasta que entiendas que entre nosotros no pasa nada. No necesito que me cuides, que me quieras proteger, no necesito nada de ti.
—¡¿Entonces cuando tenemos sexo, tampoco lo necesitas?!
—Tampoco —sus ojos me miraban firmemente y se veía tan fría como decidida en sus palabras.
—Virginia.
—¡¿Qué?! —grito exasperada, mientras dejaba sus zapatos en la entrada del apartamento.
—Te perdí.
—Aiden —se