Sus labios me cautivan. Primero, están en mi cuello, lamiendo círculos a lo largo de mi piel antes de que sus dientes comiencen a pellizcar y morder, seguramente dejando más marcas para que pueda mirarme en el espejo mucho después de que se haya ido. Se mueve más abajo, hacia mi pecho, succionando mi pezón con su boca, haciendo que mis manos agarren su cabello para mantenerlo allí. Probablemente lo estoy apretando demasiado fuerte contra mí, pero su gemido sólo hace que mis uñas se claven más e