CAPÍTULO 105: UNA CONFESIÓN INOCENTE.
CAPÍTULO 105: UNA CONFESIÓN INOCENTE.
Esa noche, Gabriel estaba acurrucado en su cama, su pequeño cuerpo temblando bajo las mantas. Podía escuchar desde su habitación las risas de su madre y el tono coqueto de su voz mezclado con las carcajadas graves de un hombre.
Apenas llegaron a la casa, Dayana lo había enviado a su habitación, como siempre hacía. Sin embargo, Gabriel alcanzó a ver al hombre que ahora estaba abajo con ella. Era el mismo que había visto aquella vez, el hombre que le daba mied