51. LA PERSECUCIÓN
La noche ha comenzado.
En el firmamento, la luna y las estrellas han sido tapadas por las gigantescas nubes grises que colman el cielo.
La carretera esta envuelta en tinieblas y en medio de ella va Cristine. La peliroja maneja con los nervios a flor de piel mientras un frío sepulcral recorre todo su cuerpo.
En la cajuela de su auto rojo yace Alexa, atada e inconsciente, aunque no por mucho.
Cristine salió tan rápido del pueblo que olvido por completo llenar el tanque de gasolina y ahora el aut