Para entonces, Daniella ya estaba dormida. El teléfono vibró en su mesita de noche, pero ella no se dio cuenta.
Cuando ella no contestó después de un rato, Grayson no colgó enseguida. Miró su reloj.
Colgó y, con cara sombría, arrojó el teléfono sobre el escritorio.
Luego se reclinó en su silla, cerró los ojos y sintió que le venía un dolor de cabeza.
Afuera de la oficina, Claude les había dicho a las demás secretarias y asistentes que se fueran a casa a descansar. Él se quedó esperando con el S