La piel de sus brazos estaba china, el escalofrío que recorría inminente su espalda también era algo digno de destacar y el corazón de Melissa, desbocado, seguía bombeando sangre ardiente a casa, a centímetros de su cuerpo. El olor que se hacía a cada segundo más intenso, también ardía fuertemente en sus pensamientos.
La loba dentro de la chica aulló de placer, los sentimientos desbordantes que la acorralaban e impedían que se moviese de ese lugar sobre el colchón donde había sido recluida con