Horas antes...
Después de acompañar a Emily a casa, ella se aferró a él como una segunda piel, su aroma nublando su juicio.
“Quédate un rato, Damien”. Sus dedos trazaron círculos hipnóticos en la palma de su mano. “Ya estás aquí...”.
Una ansiedad inexplicable le oprimió el pecho. Algo no se sentía bien.
“Debería volver con Sierra”, murmuró él. “Prometí pasar esta noche con ella”.
Intentó apartarse del tacto de Emily, la cara de decepción de Sierra lo perseguía.
Había pasado tanto tiempo de