Ya estando fuera del lugar, la acompañe al auto en dónde Jeremías le abrió la puerta trasera y le ayude a que entrará.
—Luciano, gracias por lo que pasó adentro, si no hubiera llegado usted, no creo que hubiera podido manejar la situación —me dice bajando la mirada.
—No hay problema, señorita Urrutia, pasaba por casualidad por un café y la vi, me decidí a ir a saludar, pero vi que tenía compañía no sabía que la estaba incomodando —le digo una pequeña mentirita, lo de casualidad y ahora sé que e