8. Bestia
Tuve la loca esperanza de que ese hombre volviera antes de que mi turno terminara, pero, claro, no apareció. En todo mi turno anduve como zombie, incapaz de concentrarme en nada. Hasta Sergio, con su supervisión de robot silencioso, notó algo raro, aunque, por suerte, no dijo ni pío. Eso sí que lo agradecía.
Ya en mi habitación, me metí a la ducha con la energía de un koala. El agua cayó despacio, como si intentara arrastrar algo más que el cansancio. Me sentía extraña, demasiado. Desde ese enc