El brillo de una luna llena bañaba la elegante ciudad Florentina. Desde el balcón en el que Bethany estaba podía verse, a la lejanía, el río fluyendo con una calma imperturbable, envidiable para la caótica alma de la mujer que no conseguía serenarse.
Hacía ya un par de horas que Ciro la dejó sola luego de que tropezara con viejos conocidos y éstos lo invitaran a su torneo de póker privado. Bethany consideró la idea de quedarse adentro y charlar con alguien, seguro encontraría alguien que estuvi