Beber le ayudaba a despejar la mente y la tranquilizaba. No tenía problemas con la bebida. No lo ansiaba. Sólo necesitaba una copa en ese momento. Fue a un viejo lugar que frecuentaba antes de verse obligada a vivir en una casa junto al bosque.
Charlotte no sabía cuánto tiempo llevaba fuera, ni qué hora era, pero no le importaba. Lo único que sabía era que estaba oscureciendo y que probablemente su marido la estaría buscando, si es que se le pasaba por la cabeza que su mujer había desaparecido.