Aquella tarde había llegado al límite del aburrimiento. Patrick la controlaba de vez en cuando y ella lo agradecía. Al menos se preocupaba por ella.
— Deberías estar descansando—, le dijo cuando lo encontró en la cocina preparando una ensalada. Hacía poco que había descubierto que era un cocinero estupendo. Y él la aguantaba cocinando cuando en realidad podía hacerlo mejor.
— Me siento mucho mejor—, le dijo ella, apoyando los codos en la encimera. — De hecho, hoy voy a salir.
— Es casi de noche