Mundo ficciónIniciar sesión—¡Los perros, Lucía! —restalló Raziel. Me miró fugazmente y vi que sus ojos eran fuego blanco.
Reaccioné sólo por instinto. La Cruz volvió a llamear como esa noche fatídica en que el Caído había estado a punto de matarnos a Mauro y a mí, convirtiéndose en una espada de luz. El primer perro saltó sobre Raziel, que retrocedió un par de pasos antes de poder rechazarlo. Otros tres a