Mundo de ficçãoIniciar sessãoTheo observó fijamente a los hombres y se llevó las manos a la nuca, se pasó la lengua por los labios y sonrió antes de recargar su espalda en el auto. Gruño y se quitó el molesto casco al igual que el pasamontañas.
— ¿En verdad creyeron que podrían robar dos lugares seguidos? ¿Son estúpidos?— preguntó riendo.







