Faltaban sólo unos minutos para las seis de la mañana cuando los primeros rayos de luz se colaban por las cortinas de la habitación Aurora abrió los ojos y vio como Steve la contemplaba mientras movía con mucho cuidado uno de sus mechones de pelo hacia un costado.
—Buenos días mi pelirroja hermosa, ¿cómo te sientes?
—Buenos días, amor, me siento muy bien, aunque muy extraña —respondió Aurora mientras afirmaba las sábanas ya apenada porque lo de anoche había sido con mucho menos luz, pero ahora