Ana
Me senté en el comedor, junto a los padres de Emir, y sonreí al ver el desayuno preparado. La luz matutina entraba por las ventanas, iluminando la habitación con un cálido brillo dorado. La señora Aydan, me sonrió cálidamente, sus ojos brillantes de afecto.
— Buenos días, Emily. ¿Dormiste bien? — preguntó, mientras se servía una taza de té.
— Sí, gracias — respondí, tomando un sorbo de café y sintiendo su calor reconfortante. Me recosté en la silla, disfrutando del ambiente relajado.