CALIFORNIA.
¡Dios! Todavía no lo puedo creer, Isabella está aquí conmigo, durmiendo a mi lado, no me canso de mirarla, tan sólo Dios sabe cuánto la amo y la otra parte de mi, mi niño durmiendo en la otra habitación.
Mis pensamientos son interrumpidos por unos golpecitos en la puerta.
—Mi niño ya se despertó.
Voy abro la puerta y lo veo, aún soñoliento.
—¿Papi y mami?
—Mi niño, mami está durmiendo, ven vamos a la cocina, ¿tienes hambre?
—Sí.
—¿Quiere