Cómo era de esperarse, la marioneta de las víboras se enderezó de inmediato, su sonrisa desapareciendo mientras se giraba para enfrentarlo. La presencia de Arzhel siempre era imponente, pero en ese momento parecía aún más intimidante. El pobre mojaría sus pantalones en cualquier instante.
—Arzhel. —habló finalmente, adoptando una expresión de cordialidad que claramente era forzada—. Solo estaba ofreciéndole mi ayuda a Kenna, ya que ahora tiene un papel importante en la empresa de mi suegro.
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