Capítulo 40

—¿Podemos hablar en otro lugar?—, le digo poniendo mi mano en su brazo, como si tuviéramos la confianza, claramente veo que está confundido, ve mi mano y después me ve a los ojos, supongo que no concibe mi atrevimiento.

—Claro… como usted deseé ¿ya comió, señorita Salem?—, me pregunta con cortesía.

—No, de hecho no— le sonrío tímidamente.

—Por favor— extiende su mano dándome el paso, protegiéndome con su cuerpo de la gente que nos rodea, volteo buscando

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