En el momento en que ese nombre vino a su mente, Leo comenzó a sentirse sofocado, por lo que pensó marcharse de ese lugar cuanto antes para no convulsionar. En el momento en que se dispuso a dirigirse a la salida, Mike se acercó para preguntar qué le sucedía.
—Hermano... ¿Qué te pasa?
—Perdón, siento náuseas —contestó el chico pelirrojo un tanto mareado.
—¿Cómo? ¿Quieres ver a un doctor? —preguntó Mike visiblemente preocupado.
—No te preocupes —respondió, tratando de apartar a su amigo—. Ir