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Punto de vista de Ian
No pude evitar el terrible ceño fruncido en mi rostro cuando salí de mi oficina y me dirigí a la sala de conferencias. Enseñar historia fue una de mis cosas favoritas desde que llegué al mundo humano. Fue divertido y me encantó la expresión de los rostros de mis alumnos cada vez que les decía algo que ni siquiera esperaban escuchar antes. Además me ayudó a recordar todo lo que había sucedido desde que nací. Hace muchísimo tiempo.
Pero lo que me molestaba era el hecho d