Capítulo 34. Por mi culpa
John no lo podía creer, esta pequeña ladina que no se cansa de hacerlo sufrir ahora quiere marcar las reglas, a él nunca ninguna mujer le había exigido con tal ínfula; él era millonario, joven, sexi y generoso con sus mujeres, pero Anabella se atreve a desafiarlo y contrario a su buen juicio eso le encanta de ella.
—Maldición Anabella, estoy a esto de arrancarte la ropa y hacer contigo lo que me venga en gana hasta dejar tu juicio nulo —declaró John casi uniendo el dedo pulgar e índice.