La música flotaba en el aire, ligera y armoniosa, pero el ambiente estaba cargado de tensión. Gabriel se quedó paralizado al ver cómo Jacobo me tomaba de la mano, su rostro palideció, sus ojos reflejaban un miedo sordo, un grito ahogado en su propia impotencia. Sabía que no podía hacer nada. No ahora. No después de todo.
Rebeca por el contrario reía con una felicidad casi inquietante. Sus dedos entrelazados con los de Gabriel parecían un ancla, pero su sonrisa… su sonrisa era otra historia. Era