Me hizo gatear detrás de él hasta la cocina, con la correa arrastrándose por el suelo. Al acercarse al refrigerador, lo abrió, sacó una botella de agua y tomó un largo trago, mientras yo me arrodillaba a sus pies... esperando como la obvia mascota que era.
"—¿Tienes hambre? —preguntó, con los ojos brillándole mientras me miraba hacia abajo. Y sacudí la cabeza en respuesta.
"—Bien. Porque no he terminado contigo.
Luego me levantó y me puso sobre la barra de la cocina, con el mármol frío contra m