-¡Buenos días, señor Duncan! – Dijo la mujer mirándolos a todos y cada uno de los presentes – Colegas –
-¡Buenos días, señorita Chamberlain! – Dijo el señor Duncan – Por favor, tome asiento. ¿Se le ofrece algo para tomar?
-No, gracias – Dijo la abogada – Preferiría que entraramos en materia, si no le molesta, porque después de ésta tengo dos reuniones más de los casos pendientes –
-Muy bien – Dijo el señor Duncan apoyando los antebrazos sobre la mesa y entrelazando las manos – Dígame señorita C