Todas las noches de esa semana, durante la cena, se dedicaban a escuchar a Sarah y sus desventuras aprendiendo su papel. El señor Duncan la miraba como preguntándole y ella volvía la mirada a su plato, luego, el señor Duncan, ayudaba a Sarah a estudiar el papel para la obra, hasta que Sarah daba las buenas noches agotada y Rosalin aprovechaba para escabullirse también a su habitación, ya que no quería hablar con ese hombre. Parecía que ella había sido la engañada y no Helen y aunque ella sabía