Victoria observó la hora en el reloj de pared que se encontraba frente a ella. Podía escuchar el “Tik Tak Tik Tak” del reloj mientras lo observaba con el detestable dolor de cabeza que la había estado torturando por más de dos horas.
Ya todo lo había arreglado.
Finalmente había conseguido que la abuela de Danilo tuviera una sepultura digna. Justo como Danilo lo hubiera deseado.
Había sido terriblemen