¡Pum!
Con el sonido de la voz de Diana Ortega, Christian González levantó su pierna y pateó fuertemente el pecho de uno de los guardaespaldas que estaban delante de él.
¡Crac!
Se oyó un sonido claro de huesos rotos. El guardaespaldas escupió sangre roja y voló a tres o cuatro metros de distancia, cayendo al suelo fuertemente.
Los huesos de todo su cuerpo parecían estar destrozados y le dolían tanto que gemía de dolor continuamente. Se le rompieron al menos cinco o seis costillas y ya no podía