¡Aunque mires a toda la ciudad, probablemente nadie pueda superar la belleza de Carmen!
El Daniel tenía plena confianza en el encanto de su hija. Creía que algún descendiente del eminente alquimista se enamoraría perdidamente de Carmen, aunque la opinión de Carmen sobre esa persona seguía siendo una incógnita.
—Hmm, parece una buena idea— reflexionó Daniel.
—¿Papá, estás de acuerdo?— Alejandro se alegró.
—Sí, de todos modos no tiene desventajas, no hay nada malo en intentarlo—asintió Daniel.
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