Christian sacó una aguja de plata y comenzó a tratar a ambas mujeres.
La mandrágora no era un veneno mortal, y Christian descubrió a tiempo lo que había sucedido. Las dos mujeres, Lucía y Julia, no habían tomado mucho de la bebida.
Además, con las habilidades médicas excepcionales de Christian, rápidamente eliminó las toxinas de sus cuerpos.
Una vez que ambas mujeres se recuperaron por completo...
—Julia, ¿qué planeas hacer a continuación?— preguntó Lucía sin poder contenerse.
—No lo sé—respondi