Carmen se sonrojó y asintió con la cabeza. Isabel era su mejor amiga, eran como hermanas y no había nada que ocultar entre ellas. Además, esto no era algo vergonzoso, por lo que no tenía motivo para ocultarlo.
—Bueno...— Isabel se quedó boquiabierta. La situación era demasiado repentina. Aunque había escuchado algo vago desde afuera de la puerta, escuchar a Carmen admitirlo abiertamente aún la sorprendía.
—¿Es porque Christian te salvó la vida en el pasado por lo que aceptaste su cortejo?—Isabel