Alejandro rugió furiosamente. Ya había decidido que Christian no podía salvar a Carmen. Golpeó con una mano, llevando consigo una fuerza arrolladora, y se abalanzó locamente sobre Christian.
—Alejandro, no es así, déjame explicarte— Christian se sorprendió y quiso esquivar, pero su espíritu ya estaba completamente agotado, sin capacidad para resistirse. Solo pudo mirar impotente cómo Alejandro lo golpeaba.
—Tío, por favor, ¡no!— Marta cambió su expresión rápidamente. En un momento crítico, sin p