La sonrisa de Carmen era amarga, pero tenía una sensación de liberación.
Para ella, la muerte quizás era la mejor liberación.
—No es cierto, ¿cómo puede ser que nadie se preocupe por ti? ¡Yo me preocupo mucho!— las lágrimas fluían por el rostro de Christian.
Enfrentando el miedo de perder a Carmen, ya no podía controlar sus emociones y dejó de lado todas las preocupaciones, expresando sus sentimientos más sinceros.
En este momento, sus emociones vencieron a la razón, ¡y que la razón se fuera al