Sin embargo, de repente recordó algo más importante y temporalmente contuvo su ira.
—Fernando, si no me equivoco, todo esto del secuestro de Carmen, casi acabar con su vida, todo fue obra tuya y de María, ¿verdad?— Daniel lo miró furioso, finalmente comprendiendo.
Sabía que Fernando no estaba apresurándose a atacar porque estaba deliberadamente retrasando el tiempo, y también entendía que cuanto más se demorara, más perjudicial sería para él. Pero incluso si iba a morir, debía descubrir la verda