—Leoncio, ustedes me halagan demasiado.
—Solo tuve suerte —Al escuchar los elogios de Leoncio y los demás, Christian sonrió levemente.
Lo que dijo no era falso; él tampoco esperaba que Maximiliano estuviera tan gravemente envenenado, lo que facilitó su eliminación.
—En fin, Maximiliano ha muerto y nuestra misión ha concluido.
—Adán, Luciano, lleven el cuerpo de Maximiliano.
—Volvamos juntos para informar —Christian cambió de tema.
—¡Entendido!
Adán y Luciano, obedeciendo la orden, se acercaron y