—¡Suéltenla!
Al mismo tiempo, resonó un grito lleno de frialdad y asesinato.
La velocidad de Christian era asombrosamente rápida. Volando en el aire, como si descendiera del cielo, aterrizó firmemente no muy lejos de Amalio y los demás.
Un aura fría y aterradora se elevaba desde su cuerpo, causando escalofríos.
—Christian, ¿eres tú?
—¿Cómo llegaste aquí?
Al ver la aparición milagrosa de Christian, Amalio quedó atónito, sin poder creer lo que veían sus ojos.
Cuando capturó a Carmen, fue extremada