—Néstor, te advierto, solo esta vez, no habrá otra. Si vuelves a meterte en algún lío, la próxima vez no seré tan indulgente.
Kevin resopló fríamente, luego, con un gesto de su manga, se dio la vuelta y salió de la sala de reuniones sin mirar atrás.
—Maldición.
Mirando la desaparición gradual de Kevin, el rostro de Néstor lucía sombrío, y en sus ojos destelló un atisbo de resentimiento sin querer.
No entendía por qué Kevin, siendo su cuñado, prefería ayudar a un forastero y nunca confiaba en él.