—La juventud imprudente siempre tiene que pagar un alto precio— el señor Rivera suspiró y sacudió la cabeza. A pesar de haber advertido a Eustaquio en varias ocasiones, este se negaba a creerlo, y no había nada más que él pudiera hacer al respecto. Si Eustaquio insistía en desafiar a Christian, así sería. Con él supervisando la situación, podrían detener la pelea en cualquier momento. El señor Rivera sabía que, si alguno de los dos se pasaba de la raya, él intervendría a tiempo.
Al ver al señor