—¡Hmm, no es una mala idea!
Cuando escuchó las condiciones propuestas por Amalio, Christian asintió con aprobación.
—Christian, ¿realmente vas a entregar la perla y disculparte arrodillándote frente a Amalio?
—¡No puede ser!
Hilario estaba atónito, no podía creer lo que oía.
Las condiciones de Amalio eran extremadamente humillantes, y nunca se le habría ocurrido que Christian las aceptaría.
Sin embargo, después de reflexionar, lo entendió.
La vez anterior, en la tienda de joyería, ya sabía que C