—Christian, ¿dónde estás ahora? —preguntó Andrea—. Si no vienes a rescatarnos, Lorenzo, ese canalla, nos destruirá.
Andrea estaba desesperada, con el corazón en un puño, sintiendo una profunda desesperanza. Pero no era la única que se sentía así. Viendo cómo las garras de Lorenzo se acercaban cada vez más, Lucía se volvió aún más desesperada. Su rostro estaba pálido, y se sentía abrumada por la desesperación.
Justo cuando ambas mujeres estaban sumidas en la desesperación, hubo un estruendo. La p