—¡¿Dieciocho piezas?! —Octavio exclamó sorprendido por la cifra, con la mandíbula casi cayéndose al suelo. No solo él, sino que también Isidora y la camarera quedaron asombrados.
Ninguno de los tres había imaginado que Christian no solo planeaba comprar una sola joya de jade de vidrio, ¡sino dieciocho!
—Sí —asintió Christian. Necesitaba dieciocho piezas de jade de vidrio para la disposición de su reunión de espíritus, además de una pieza adicional para el ojo del arreglo. Sin embargo, siempre ll