Andrea
Cuando su tía se retira, Andrea se queda sola. Mira la hora en su teléfono, consciente de que su esposo no tardará en llegar. Suelta un suspiro y cierra los ojos, pero el último recuerdo de Edward regresa, como siempre, sin previo aviso. Han pasado tantos años y, aun así, la herida sigue doliendo igual. Aunque ama a su esposo con todo su ser, ese rincón oscuro de su corazón se niega a cerrar. Es una cicatriz que, lejos de sanar, parece abrirse con cada evocación.
Decidida a sacudirse eso