Una vez que Sophia intentó escapar de aquella oficina, James se lanzó sobre ella, cubrió su boca y nariz con un pañuelo impregnado de una sustancia que le hizo perder la conciencia a la brevedad.
—Ya está hecho, ya no hay marcha atrás, ha llegado la hora de dar punto final a nuestro enorme y redondo problema, desde un principio supe que lo mejor era envenenarla, así hubiese muerto como la rata que es, me repudia verla nuevamente, cada vez que estoy frente a ella siento fuertes deseos de lanzar