–Tengo que hacer lo que sea – se dijo Emma cuando llegó a la mansión.
Ella tiró sus cosas sobre el sofá y pensó en la mejor forma de convencer a Dante para que le diera el permiso, sabía que no iba a ser nada fácil conseguirlo, pero ella estaba dispuesta a llegar hasta las últimas instancias para poder conseguir aquel trabajo que tanto le había gustado ese día.
La chica caminó de un lado a otro de la sala mientras se planteaba a sí misma ideas, algunas estúpidas y un poco descabelladas, como es