Cuando Lisa usaba su posición para presionar a los demás, lo único que Marta podía hacer era quedarse callada y pisotear el suelo con enojo.
—¿Qué tiene de especial ella? ¿Solo porque su papá es el alcalde? —murmuró Marta.
Pero nadie se atrevió a responder a las palabras murmuradas de Marta. Se miraron entre sí, fingiendo que no habían escuchado lo que dijo.
Y al ver que Lisa ya había tomado la delantera, el resto del grupo la siguió apresuradamente.
En ese momento, una persona que siempre había