Lucía no supo qué decir, sonrió con impotencia.
—Está bien, está bien, es tu casa. Sólo me quedaré temporalmente.
Durante este tiempo Lucía comprendió a grandes rasgos el fuerte temperamento de Jorge. El hombre tenía mucho genio, era arrogante y contradictorio, así que la mayoría de las veces era mejor llevarse bien con él.
Pero esta vez Jorge levantó una ceja insatisfecho.
—¿Quieres esta casa?
—Yo no he dicho eso —Lucía dejó en ese momento su vaso de agua y negó inmediatamente.
Ella nunca quis