Sin embargo, Jorge siempre había sido un hombre muy ocupado. Hacer que comiera y durmiera a tiempo parecía ser una tarea imposible. Lucía no pudo evitar mostrar su preocupación.
De repente, se le ocurrió una muy buena idea y, de inmediato, tomó el teléfono de Jorge y llamó a la señora Fernández.
Al recibir una llamada de su hijo, la señora se mostró algo incrédula. Miró la pantalla con los ojos entrecerrados y luego le mostró el número al señor Fernández que estaba a su lado.
—Mira, viejo, ¿est