Lana
Después de sentir todo aquello fluir de dentro de mí, yo sabía que mi corazón estaba entregado a ese hombre que me trató tan mal, pero que yo no consigo dejar de querer bien. Él cayó cansado a mi lado, creo que ahora estamos mucho más esposados que antes.
— Creo que ya podemos soltarnos.
Iba a recoger la llave de las esposas que dejé sobre el mueble.
— Lana, quiero que duermas conmigo esta noche.
— Está bien, pero estaremos más cómodos libres.
Asintió con la cabeza y estiró la mano atada a