Mundo ficciónIniciar sesiónAlimceceg no podía creer lo que escuchaba. Y aunque se mantuvo de pie, a un lado del trono, imperturbable, serena y macabramente fría, en su interior quería salir corriendo, llegar a las caballerizas, ensillar uno de los caballos y galopar hacia el norte del río, allí donde Tuva Eke había estado los últimos días.
No dijo nada. Sus ojos quedaron fijos sobre el hombrecillo que había llevado el mensaje a la tiend







