POV Amatissa.
Los días avanzaban.
Por momentos, sentía que el mundo entero me aplastaba, que cada respiración era un esfuerzo titánico.
Me aislaba en mi habitación, dejando que las paredes se convirtieran en un refugio y, al mismo tiempo, en mi cárcel.
Apenas comía; la comida se me atascaba en la garganta como si supiera que no tenía derecho a vivir con normalidad. Cada instante fuera de mi alcoba me aterrorizaba, pero también me hacía añorar lo que alguna vez fue libertad.
La confusión, el mied